«La Prueba PISA es un invento de la ingeniería genética del neoliberalismo» Entrevista a Pablo Gentili

  17/07/2016 | Luis Bonilla-Molina En el marco de la convocatoria que a comienzos del año 2014 se formulara en Venezuela, en aras de iniciar un debate nacional sobre la Calidad de la Educación, Luis Bonilla-Molina (LB) conversa con Pablo Gentili (PG) quien es el Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) instancia que agrupa 315 centros de investigaciones sociales en el continente y 680 postgrados de las distintas universidades de América Latina, el caribe y Europa. Gentili es Licenciado en Ciencias de la Educación, Universidad de Buenos Aires. Master en Ciencias Sociales con Mención en Educación, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO – Programa Argentina). Doctor en Educación, Universidad de Buenos Aires. Profesor Regular en la Facultad de Educación y del Posgrado en Educación de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Investigador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro (LPP/UERJ). Coordinador del Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (OLPED – LPP/UERJ). Gentili conversa con Luis Bonilla-Molina respecto al importante debate mundial y venezolano respecto a la calidad de la educación. LB: Bienvenido a este debate internacional. Pablo los organismos internacionales han tenido una tendencia a resenmantizar los términos calidad y de la educación como un derecho humano PG: El tema de la calidad se ha transformado en el eje o en el nudo a partir del cual se han iniciado un conjunto de reformas que tienen por objetivo privatizar la escuela pública y reducir las oportunidades del derecho a la educación a la gran mayoría de la población a los sectores más desfavorecidos, a los más pobres, al pueblo. En este sentido este énfasis en la calidad de la educación ha tenido en estos discursos que ver fundamentalmente con encontrar terminologías y programas que con el supuesto objetivo de mejorar la calidad del proceso de aprendizaje dentro de las escuelas en general, tienden a promover políticas de evaluación y de gratificación o de promoción y reconocimiento de trabajo docente basado en criterios meritocráticos y en criterios de productividad que en general ha producido una enorme diferenciación salarial dentro de los docente y de los trabajadores de la educación en general. Este es un aprovechamiento del uso de la calidad profundamente tecnocrático eficientista y empresarial que ha sido discutido y estamos discutiendo desde hace muchos años, creo que en este sentido, es importante reconocer como tu decías que históricamente el tema de la calidad fue introducido en el debate educativo por los trabajadores y trabajadoras de la educación y por aquellos intelectuales que trataban de poner de relevancia el gran tema de la democratización de la educación, no pasaba solo por promover el acceso de los más pobres a la escuela sino en general fundamentalmente condiciones de igualdad en las oportunidades de acceso al conocimiento de democratización del saber y una concepción del derecho a la educación mucho más radical y más progresista que la idea de reducir el derecho a la educación a partir de una determinada cantidad de días de permanencia en la escuela. Es en este sentido, en los años 70 y en los años 80 diferentes sectores progresistas y de izquierda en el campo de la educación comenzaron a llamar la atención de que el aumento en los índices de escolaridad no eran un reflejo fiel, no podían ser considerados el reflejo final del proceso efectivo de democratización de la educación pública en nuestros países; estos sectores decían que el aumento sin lugar a dudas de los años de escolaridad y el aumento de las tazas de escolaridad eran muy importantes porque reflejaban el acceso de los más pobres a la escuela, pero eran una parte apenas del gran desafío que nuestras sociedades tenían en el proceso de democratización de la educación que consistía en garantizar condiciones de igualdad en el acceso a un bien que se transforma en un factor fundamental de poder de nuestras sociedades que es el conocimiento. La lucha contra el monopolio del conocimiento en este sentido se identificaba con la lucha por la calidad de la educación, igual calidad para todos, más calidad para todos, calidad social, pertinencia educativa; este discurso como tu bien señalaste al comienzo lo retoman algunas organizaciones internacionales, lo retoman gobiernos conservadores y neoliberales en los años 90 y en algunos países un poco antes, inclusive. Pero fundamentalmente la década del 90 es la década de la explosión de los discursos sobre la calidad, pero de un discurso de la calidad que toma un aspecto apenas de esta dimensión más integral más integradora que tenía en los discursos progresista y lo reduce a una serie de propuestas y de ideas como decíamos de carácter tecnocrático, eficientista, empresarial que suponen que garantizar calidad de la educación quiere decir segmentar, diferenciar aun mas nuestros sistemas educativos y generar fundamentalmente sistemas de indicadores y de evaluación que permitan saber quiénes producen mejor y quienes producen peor, pagándole más a lo que producen más y menos a los que producen menos. Un proceso que no genera otra cosa que una intensificación del grado de diferenciación y de segmentación que ya existe en nuestros sistemas educativos y que hace que los pobres tengan una educación pobre y los ricos una educación rica, estos discursos de la calidad no hacen más que profundizar esta tendencia y pero aun premian a los mejores que son en definitiva los que siempre tuvieron privilegios y castigan a los perores en comillas que son en definitiva los más pobres. Creo en este sentido que no podemos contra estos discursos conservadores neoliberales y reaccionarios asumir una postura defensiva y no hablar más de calidad sino que tenemos que entrar de lleno en esta batalla que nosotros mismos abrimos y reconocer que la calidad es un espacio de lucha, que la calidad es un espacio de enfrentamiento en donde se enfrentan discursos, donde se enfrentan visiones diferentes acerca de la educación, donde se enfrentan políticas y donde se enfrentan también el futuro de qué educación queremos de los

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Tres Caminos para la Escuela Secundaria

                           #DocentesPorCargo          #EquiposDirectivos           #TrayectoriasEducativas   #ReflexionesTLS Por Axel Rivas* En esta nota me ocuparé de observar el fenómeno de la transformación de la escuela secundaria desde la perspectiva de la política educativa. Esto supone hacerse las siguientes preguntas: ¿en qué dirección deberían moverse las escuelas secundarias en Argentina? ¿Cuáles deben ser sus horizontes de sentido? ¿Cómo se pueden materializar esos horizontes en gran escala, de manera sistémica? El punto de partida de estas observaciones es realista. Las escuelas secundarias de hoy viven una profunda crisis de sentido. Muchos en ellas no saben realmente qué pasa allí. Alumnos y docentes viven situaciones de perplejidad, rodeados de rituales que ya no funcionan. Disciplinas como compartimentos estancos, contenidos enciclopédicos desligados de la fascinación de las ciencias y las artes, exámenes como pruebas de obstáculos en una carrera por pasar el año. Estos dispositivos pedagógicos y organizacionales están viejos y gastados. Funcionaron quizás en otra época y para pocos. Hoy no funcionan para muchos ni para pocos. Pero esa no es toda la historia. La escuela secundaria también ha sido conquistada como un derecho. Un dato que me gusta mencionar es el siguiente: un 40% de los alumnos que asiste a la escuela secundaria hoy es hijo de padres que no llegaron a pisar la secundaria (apenas tienen primaria completa o incompleta). Casi uno de cada dos alumnos que vemos todos los días en la escuela son primera generación de secundaria. Para ellos esta escuela es mejor que la de sus padres por el simple motivo que sus padres no tuvieron escuela. Este doble realismo nos lleva a las políticas posibles y necesarias. Aquí mis observaciones se basan en estudios previos sobre las reformas educativas en América Latina. Recorriendo países y sistemas educativos veo tres grandes caminos para transformar la educación secundaria a gran escala. El primero es el camino del ordenamiento y la creación de la unidad escuela. Esto implica reformas para lograr que los profesores concentren sus horas en la misma escuela designados por cargo y con horas pagas para trabajar en equipo. También supone formar y seleccionar muy bien a los directivos para que puedan construir con equipos más integrados y estables un proyecto institucional. Esto debería traducirse en menos ausentismo y más concentración en la tarea integral de acompañar a los alumnos en su trayectoria de aprendizaje. El segundo camino es mejorar y hacer más justo el sistema vigente. Una vez que las escuelas tienen equipos estables, con directivos que tienen formación para la conducción y, en lo posible, con tiempo institucional para potenciar la integración de ambos en un proyecto, es clave dar contenido y potencia a esos proyectos. Esto implica capítulos fundamentales: mejor formación inicial y continua, materiales gratuitos masivos de calidad y apoyo integral a las escuelas en sectores más vulnerables. Aquí entra también una herramienta reciente: los planes de mejora con financiamiento estatal, que permiten potenciar proyectos de tutoría con los alumnos y desarrollar proyectos institucionales. El tercer camino es transformador. Es el camino de la revisión profunda del sentido de la escuela secundaria. Este camino supone revisar los fines, los contenidos curriculares, la propuesta de la escuela secundaria En vez de una orientación centrada en contenidos medidos por exámenes, la escuela debería crear capacidades de actuar en los alumnos, motorizar fuerzas para diversos escenarios, crear nuevas habilidades para un entorno cambiante. Para ello no alcanzará con “renovar” la currícula. Será necesario un nuevo esquema organizacional más flexible, orientado en base a proyectos interdisciplinarios; desafíos donde los alumnos sean colaboradores, tutores y creadores de sentido; nuevos usos de los tiempos, espacios y agrupamientos; la creación de un sistema complementario de aprendizaje digital para aprovechar a fondo las nuevas tecnologías. De este tercer camino he visto experiencias interesantes en una escala todavía reducida: las escuelas de tiempo integral en Pernambuco y Ceará de Brasil, las escuelas Innova de Perú, las Proa de Córdoba, las escuelas digitales de San Luis. Son experiencias que están diseñadas para escalar, no casos individuales sueltos. Estas breves observaciones intentan demarcar la cancha de la escuela secundaria. Pueden ser vistas como tres etapas temporales que se pasan la posta como bisagras de una a otra. Pero también pueden pensarse como tres estrategias paralelas basadas en un diagnóstico previo. Donde estén ya instaladas las bases institucionales y el potencial transformador se podría asumir el desafío de dar un salto más profundo hacia un cambio de modelo, mientras en otros casos se buscaría fortalecer los capítulos más tradicionales. Me gusta pensar que la segunda vía es la más aconsejable. No ir en etapas temporales sino avanzar en paralelo en base a diagnósticos y construcción de capacidades. Las políticas no pueden ser pensadas como bloques únicos e idénticos para todos. Sí, habrá contradicciones entre escuelas que tienen distintos principios organizacionales y curriculares. Sí, habrá variedad de modelos, tensiones y dilemas. Pero los tiempos cambian demasiado rápido para esperar a que todas las escuelas estén en igualdad de condiciones y todos los docentes tengan la misma formación para avanzar en cambios posteriores. Lo que requerirá esta generación de políticas “tri-dimensionales”, operando en tres planos paralelos al mismo tiempo, es un doble principio sistémico: de justicia y de puentes. De justicia para no crear nuevas brechas sino reducirlas. Las escuelas transformadoras deberían empezar por los núcleos sociales más castigados, como lo han ejemplificado las nuevas escuelas secundarias de universidades públicas en el conurbano bonaerense. Y de puentes para no crear islas dentro del sistema: quienes estén innovando deberían dialogar con los demás, crear redes sistémicas de intercambio. Esta nota sólo deja los esbozos de un mapa. Allí veo tres caminos de política paralelos y puentes para crear transformaciones viables y justas. Es una construcción compleja y desafiante. Tanto como imperiosa es la necesidad de repensar la estructura y el sentido de la escuela secundaria.   *Axel Rivas es docente e investigador. Director del programa de Educación

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