Arte y Creatividad en la Escuela

 

 

 

 

 

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ARTE Y CREATIVIDAD EN LA ESCUELA
Hackeando la educación desde el Arte y la Cultura Viva Comunitaria

 Por Inés Sanguinetti

¿Cuál es la conversación que quiere instalar este artículo?

Les propongo que busquen a alguien ahora y le propongan este breve desafío : Imagináte que a partir de ahora cada docente de cada escuela –cualquiera sea su nivel- va a tener una vez por semana un artista comunitario con quien resolver como serán sus clases de la semana: ¿Qué te imaginás que pasará en el espacio? ¿ cómo serán las relaciones entre profesores y alumnos fruto de esas clases? ¿Y entre los propios alumnos entre sí que podrá suceder ? ¿Qué relación habrá entre los saberes logrados y la experiencia vivida?¿Cuál será el papel del artista y cuál el del docente? ¿En que cambiará el papel de los alumnos en el aula y la planificación de la clase con este par didáctico nuevo? Y si esta pareja se sostuviera por tres años…. ¿Qué sucedería en la escuela en materia de acuerdos de convivencia, autoridad y bienestar? Y, ¿Cómo cambiaría la relación con el barrio? ¿Quiénes fueron tus maestros extramuros?
Estas preguntas nos permiten abrir la discusión sobre cómo y qué es lo que queremos cambiar de nuestra escuela, pero no para sumar más teoría crítica – porque posiblemente esta transformación no se genere a partir de nuevas políticas públicas de educación por decreto, ni en un congreso pedagógico- sino para situar a la educación secundaria como parte de un entramado donde la escuela es un actor protagonista – pero solo uno más- en la construcción de una educación entendida como una preparación dirigida a que muchos jóvenes sean pronto adultos capaces de pensar nuevas formas de lo público hacia una sociedad de bienestar.
Más aún, preparar a muchas personas que sean capaces desde múltiples disciplinas ponerse a soñar, planear y crear una arquitectura social basada en procesos de paz, convivencia y felicidad.

La temporalidad en relación a la transformación de la realidad es un elemento fundamental, que el arte y las acciones culturales pueden volver a situar al alcance de las personas. ¿Qué personas? Las que creen que “Otro mundo es posible” , si lo hacemos aquí y ahora.
El futuro ya está inventado y solo podremos interrumpir esos devenires programados desde un presente creativo alojado en el corazón de la educación secundaria.

¿Cómo podemos invertir tan poco en cultura cuando todo lo que necesitamos para construir bienestar – terminadas todas las recetas- es reinventar un futuro desde un presente más creativo?

Quizás las dos usinas básicas del futuro que nos sorprenda provengan de generar laboratorios de innovación en dos sentidos: transformar la escuela y transformar la forma en que se diseñan e implementan políticas públicas…..Debemos poner en esos mundos a las personas a crear muchas horas de la semana!
Cada vez que una persona o un grupo de acción cultural puso en discusión los discursos, estéticas, formatos y modos de circulación y socialización del hecho artístico desde un lugar de relativa autoconciencia y problematizando la organización social, abonó un proceso de producción de conocimientos invalorable para el conjunto de la humanidad, porque lo hizo recreando los fundamentos mismos de lo que conocemos como “política” y como “arte”, poniéndolos en cuestión, y sobre todo ¡en acción! Observemos allí donde “otro mundo” está siendo posible y construyamos aprendizajes para llevarlos a la escuela: centros culturales barriales, iglesias, programas en cárceles donde reos se convierten en líderes del bienestar, espacios deportivos donde están incluidos los de menor rendimiento, esquinas donde los jóvenes hablan de sus problemas, fiestas vecinales, fabricas recuperadas, espacios de recuperación de adicciones, proyectos de software libre, murgas, comedores, jams de hip hop y muralismo, etc, etc.
El sentido fundamental del arte y la creatividad es la fábrica de la metáfora y la imaginación hacia la constitución de lo humano planetario como complejidad de sistemas sociales y naturalezas, diversidad de identidades y pluralidad de  legítimas perspectivas, valores y  creencias. Nos advierte la poeta argentina Silvina Ocampo: ¡Pensar nos recrea o nos ultima. Crear nos salva!
Propongo diseñar un proyecto que re-construya una nueva educación secundaria desde la recuperación de la experiencia sensible.

¿Porqué?

La cultura dominante se encarga de diluirnos la memoria y con ello la identidad, de distraernos de los elementos preocupantes del presente y de vendernos un futuro modelado y definido. Un proyecto cultural emancipador debe integrar el poder de la emoción, el arte y de la educación en una visión que recupere nuestra capacidad de registrar y expresar emociones. Sin ella no habrá memoria que ayude a interpretar y transformar el presente, ni deseo que convoque a discutir y construir el futuro colectivamente.

No necesitamos en la vida avanzar hacia un mundo de progreso económico, pero tampoco daremos pasos hacia un mundo sin hambre y sin opresión, cuando la consigna es tan poco motivadora. Necesitamos ir hacia un crecimiento humano, hacia la humanización de nuestro destino como hombres y mujeres : ¡MAS SER!
El arte llevado a la vida ayudará a salir de lo individual para abordar lo colectivo, salir de lo literal para abordar lo metafórico, salir de lo lineal hacia lo esférico, salir de la “gestión” hacia la experiencia sensible trascendente.
En  la experiencia sensible Hacer-Sentir-Pensar son una misma cosa. Si  nos inundamos de esto,  pensar o escribir sobre salvar a los excluidos del mundo se convertirá en lograrlo y no en hablar de  ello. ¡El arte nos mueve y moverá!
Debemos recuperar el sentido social de la escuela reconstruyendo y reacreditando colectivamente su función social desde la empatía y aquello que nos conmueve del otro.
La creciente desaparición del trabajo regular como base de la procuración de la existencia, pone en jaque la autoridad de la escuela como base de la construcción social. Los procesos de globalización y los flujos migratorios ponen también en crisis las identidades conformadas como Estado/Nación que eran el marco de legitimidad de la escuela como espacio de socialización secundaria. ¡Debemos hoy soñar el mundo desde la escuela!
El modelo curricular encontraba sentido en el ordenamiento de los destinos de ciudadanos abocados a diferentes funciones en la construcción de la sociedad industrial “fordista”, pero hoy en día, el currículum prescriptivo y la organización social de la escuela han perdido vigencia como formas y contenidos reconocibles en la preparación de un futuro para los alumnos.

¿Y ahora qué?
Si asumimos que la sociedad global transita crisis sociales, económicas y ambientales estructurales ¿Qué necesitamos dentro de la escuela secundaria para construir una sociedad social y ambientalmente sustentable?

Algunos rasgos de la vieja escuela- aquella que teníamos- se caracterizaban por la separación, una formación libresca, memorística y repetitiva en lo pedagógico y una institución distanciada del contexto.
¿Cómo generar nuevos enfoques alternativos a la pedagogía tradicional que se basa en memorizar, reproducir, repetir contenidos que muchas veces son extraños a la realidad sociocultural vivida o poco pertinentes para los procesos de transformación y capacidad de cambio que requerirán los escenarios sociales y ambientales que deberán enfrentar los ciudadanos que hoy son alumnos de las escuelas? ¿Cuáles son las diversas posturas críticas a la escuela tradicional? ¿Qué diferentes propuestas plantean estas visiones críticas? ¿Dónde están experimentando estas posturas críticas sus modelos o nuevos dispositivos educativos? ¿Existen espacios de debate y gestión del conocimiento para que estas posturas críticas y sus posibles experimentaciones en campo fortalezcan una voluntad política de transformación del modelo educativo actual. De que sabemos más, ¿de teoría crítica o de experiencias transformadoras en la educación?

¿Cuál es el modelo de escuela secundaria que queremos consolidar?

Una escuela vinculada con la vida, la libertad, el juego, la naturaleza, la acción y el trabajo, la dimensión emocional y el bienestar individual , grupal y comunitario es una escuela donde encontraremos en sus planes de educación muchas veces la palabra disfrute, goce, futuro, creación, experiencia.
Estas son maneras de nombrar las visiones u orientaciones fundamentales de una pedagogía de la creatividad y la integración social.
Una escuela con un currículum integral, abierto, contextual, flexible y con una formación docente plena de dispositivos y recursos para implementar este tipo de estrategias distintas a la del enfoque tradicional de la pedagogía repetidora o transmisora. Un aula abierta es aquella dispuesta a repensar sus fronteras. Hay que quitarle el cerco a la escuela e integrarla a las múltiples prácticas educativas comunitarias. Y esto no es anular la escuela sino quizás volver a entender a la escuela como el centro del quehacer comunitario. ¿Qué transformaciones debe hacer la escuela para volver a ocupar un lugar central en la pedagogía social para el desarrollo equitativo en una sociedad crecientemente desigual? ¿Qué formación requieren los docentes para una escuela integrada a la práctica comunitaria y que promueva la creatividad, el bienestar y el desarrollo personal de los jóvenes y la propia comunidad educativa? ¿Estamos formando al docente que se requiere para este proceso de cambio?
La educación transformadora necesita un docente investigador, reflexivo, crítico, con un compromiso socio-político cierto. Esto nos conduce a plantear reformas en los centros de formación y capacitación del docente.
“El docente ya no debe enseñar, sino que debe facilitar el aprendizaje de sus alumnos/as. El docente no debe centrar sus clases en contenidos. Por el contrario, los contenidos son sólo una excusa para el desarrollo de competencias. El docente ya no debe seguir obedientemente un currículum prescriptivo y detallado, sino que tiene la obligación de ser creativo y autónomo para diseñar cada una de sus propuestas didácticas.”
Sería deseable imaginar un concepto nuevo de pedagogía como gestión hacia adentro y hacia fuera de la institución escolar. Es decir no se trata solo de los contenidos programáticos dentro del aula, sino del tipo de relación establecida entre los actores de la escuela y el modelo de organización que institucionaliza el modo en el que se relacionan.
La integración con la comunidad y la generación de dispositivos de participación hacia adentro y hacia fuera conducirá seguramente a la conformación de un nuevo modelo de escuela como organización social de sus actores internos.
Podríamos imaginar una nueva función para docentes y directivos como facilitadores de procesos de animación cultural, de acompañamiento y de gestión del conocimiento y de construcción de vínculos entre actores diversos. Eso abriría la posibilidad de llevar a la práctica el concepto ya incorporado de “comunidad educativa” , pero ya no solo como idea sino como puesta en articulación y confluencia entre los diferentes “nodos educativos” en la comunidad. De este modo serían agentes educativos todos los actores sociales que son requeridos para una educación eficaz.

¿Dónde estamos articulando integradamente la acción de todos esos actores clave a favor de un mismo resultado: la educación de nuestros jóvenes, desde un criterio de educación permanente o educación para la vida?

La escuela de la sociedad diversa y equitativa necesita encontrar su modelo institucional, así como lo encontró la escuela de la homogeneidad e igualdad que contribuyó a la creación de los Estados Nación.
Debemos replantear en profundidad las didácticas y estrategias metodológicas dentro del aula de modo de avanzar hacia una didáctica creativa de investigación/acción: el alumno a través de sus recursos mediado por el docente descubre conocimientos, los afianza y como parte de ese proceso se explicita la necesidad de lograr placer de realización personal y grupal entre jóvenes y adultos. La neuro-educación representa hoy una fuente clave para fundamentar la incorporación de la dimensión emocional en el aprendizaje.

Replantear el modelo de autoridad en la escuela

Si la escuela actual puede rever la tensión entre línea jerárquica/ programática y la de participación de todos los actores de la comunidad educativa podría encontrar un nuevo equilibrio entre la acción educativa por un lado, y la reflexión sobre ella como espacio de desarrollo personal y crecimiento colectivo, por el otro.
Esto integraría las dimensiones educativa, ética y estética camino a abordajes integrales de la persona humana para fortalecer la capacidad de aprender. Adquirir conocimientos efectivos coincidiría con favorecer las condiciones de posibilidad para promover personas más felices y pacíficas.
Así como para el viejo paradigma del pasado, la escuela adaptó su modelo a las necesidades de la sociedad fabril, la nueva escuela deberá convertirse en el espacio de aprendizaje por excelencia de los nuevos modelos de democracia participativa o democracia directa.
Necesitamos generar un futuro de bienestar desde un presente creativo y la escuela secundaria debería ser el lugar para ello. Sin aire sobrevivimos solo minutos, sin agua solo días, sin comida apenas meses. Sin ideas podemos sobrevivir toda la vida.
Construyamos nuevas secundarias que alienten nuevas identidades para la construcción colectiva de nuevos paradigmas, donde práctica y teoría se retroalimenten.

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